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El Gobernador Stuart y las patentes de corso

En 1.798 Charles Stuart encabezó la tercera y última conquista de Menorca a manos de la corona británica. Decidió seguir el ejemplo del primer gobernador, Sir Richard Kane, y como consecuencia intervino decididamente en mejorar las condiciones de vida de la población local.

En primer lugar decidió sanear las maltrechas economías de las Universidades Locales, antecesoras de los actuales ayuntamientos. Reformó el sistema tributario, eliminando las exenciones y privilegios de que gozaban los eclesiásticos.

Para hacer frente a la situación de escasez de alimentos de la población local, emitió numerosas patentes de corso.  Los barcos mercantes locales podían armarse con cañones para arremeter contra cualquier barco de alguno de los países con los que el reino británico estuviera en guerra, básicamente Francia.

La medida surtió efectos inmediatos. A las 6 semanas de su nombramiento Stuart informó al Almirantazgo que 14 corsarios menorquines zarparían en breve en búsqueda de preciados botines. A los pocos meses Menorca estaba perfectamente suministrada de aceite, vino, trigo y demás mercancía a expensas de los mercantes franceses.

Bajo el prisma de vista actual este tipo de actividades parecen absolutamente reprobables. En la época no obstante, el corso era una actividad legal que incluso lo practicaban los buques de guerra para mejorar las finanzas y la moral de la tripulación. En este caso recibió el curioso nombre de “salir de crucero”. Por supuesto esto no tenía nada que ver con los modernos cruceros que amarran en el puerto de Mahón.

Para tener una idea mejor del ambiente de la época os recomendamos una visita al fort Marlborough, con sus espectaculares recreaciones audiovisuales



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