¿Por aquí, a dónde llego?

“Depende hacia a donde se dirija” le contesté yo. Esa fue la pregunta que me hizo una persona que conducía su coche y  que se detuvo a mi lado  mientras yo paseaba.

Las circunstancias en las que nos desarrollamos, en muchos casos son la consecuencia de la inercia, no de nuestra voluntad o nuestras decisiones. La reacción humana ante ellas si son adversas es siempre la misma: echar la culpa a un tercero, lamentarse o excusarse y en la mayoría de los casos resignarse.

La causa de llegar a este punto donde los únicos perjudicados somos nosotros mismos, es no tener una visión clara de quienes somos, hacia donde nos dirigimos y que es lo que nos va a guiar en el camino.

La historia nos demuestra que las personas, empresas y organizaciones que logran grandes éxitos, que sobresalen,  lo hacen porque  tienen clara su visión.

Tener una visión clara requiere reflexión y tiempo. No es fácil, pero cuando se logra se tiene la motivación, la ilusión y la energía necesaria para hacer frente a las adversidades. Bien es verdad que hace falta un ingrediente adicional, CORAJE. Coraje para hacer cambios en nuestra vida, en nuestras empresas. No tener miedo a salir de nuestra zona de confort.

Teniendo nuestra visión clara, no peguntaríamos ¿por aquí, a dónde llego?, porque tendríamos visualizado donde nos querríamos ver, porqué,  como lo íbamos a lograr  y pondríamos toda nuestra energía y entusiasmo en llegar.

A nivel personal la reflexión que yo he hecho, me ha llevado a concretar mi razón de ser como empresario en artiem fresh people hotels que es “crear confianza para crecer innovando”  Son cuatro palabras con mucha fuerza y significado: CREAR, CONFIANZA, CRECER e INNOVAR.

Tener en mente esta razón de ser te ayuda visualizar dónde quieres verte, te da energía y te guía en las decisiones que día a día hay tomas.

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