Aprenderás a concentrarte, a vivir una vida consciente y a optimizar más tu tiempo en la oficina. ¡Empieza a practicar con estos consejos!

Las personas felices trabajan mejor, contagian a sus compañeros y crean un entorno agradable. Sin embargo, el estrés y la presión pueden alejarnos de ese estado ideal y hacer que perdamos la motivación. ¿Cómo podemos combatirlos? La respuesta está en el mindfulness.

El mindfulness es una técnica que pretende enseñar al cerebro a poner el foco en el presente y en una sola cuestión; de tal forma que podamos dedicar nuestra atención plena. A través de diferentes técnicas, aprendemos a controlar nuestras emociones y a concentrarnos en una sola cosa. Así, podremos vivir una vida plena y consciente.

El psicólogo William Stixrud lo explicó así: “el cerebro se parece mucho a un ordenador. Podrás tener varias pantallas abiertas en el escritorio, pero solo serás capaz de pensar en una sola cada vez”.

En nuestra vida general, aunque en particular en el trabajo, “tenemos siempre muchas ventanas abiertas”: mientras hablamos por teléfono respondemos un email, dejamos un lado un informe que luego retomaremos y nos acordamos de que tenemos que hacer la lista de la compra. Somos máquinas multitarea.

Pero, ¿a cuántas de estas actividades prestamos realmente atención? Vivimos con el piloto automático puesto hasta tal punto de que, por ejemplo, aparcamos el coche y no sabemos dónde lo hemos dejado porque no hemos prestado atención.

El mindfulness te ayuda a volver al presente y a vivir la vida con consciencia plena. Esto te permitirá ser más eficiente y feliz, tanto en el trabajo como en tu vida personal.

Las técnicas de mindfulness son especialmente útiles para mantener la concentración en la oficina. Según diferentes estudios, un trabajador pierde alrededor de una hora y media al día por distracciones. Esto supone unas ocho horas a la semana, lo que supone un 20% de la jornada laboral.

Si entrenas tu mente con el mindfulness conseguirás aumentar el tiempo que permaneces concentrado. El cerebro es, al final, un músculo que necesita cierto adiestramiento. Los resultados, lógicamente, son progresivos pero poco a poco irás alcanzando mayores cotas de atención y podrás minimizar los efectos de las distracciones, propias y ajenas.  

Empieza con sesiones de entre 5 y 20 minutos al día con algunos ejercicios sencillos:

  • La pasa: coge una pasa, normal y corriente. Y, en lugar de comerla, dedícate a descubrirla como si fuera la primera vez que ves una. Analiza su textura, forma, colores… y pon en ello toda tu atención. Cierra los ojos y deja que el tacto te envíe mensajes. Despacio y sin prisa. Si la engulles directamente, te estarás perdiendo todo lo que la pasa te puede ofrecer. Igual que el momento presente.

  • Pinta y colorea: recupera esa vieja costumbre y ponle la misma ilusión que cuando eras pequeño. Busca dibujos en blanco y negro y dales color con lápices o rotuladores. Pintar mandalas, por ejemplo, es una de las técnicas de relajación asiáticas más populares. ConHazlo con atención. Abstraído. Concentrado. Como hace años.

  • Respiración: aprende a prestar atención a un acto tan sencillo y natural como respirar. Adopta una postura cómoda y concentrarte en cómo el aire entra y sale de tu cuerpo a través de la nariz. Puedes buscar meditaciones guiadas para realizar esta práctica.

Estos tres ejercicios de atención plena te ayudarán a mejorar tu capacidad de concentración y a vivir en el presente. Recuerda que lo importante en el mindfulness es practicar.

Después, en el trabajo, afronta tu día a día con optimismo. Dedica cinco minutos a tu llegada para situarte, estructurar el trabajo y tomar conciencia de cómo vas a plantearte lo que queda por delante. Respira, sonríe y comienza.

Aplicar el mindfulness en el espacio laboral no será fácil, requiere de práctica y entrenamiento, pero seguro que merecerá la pena detenerse unos segundos y encontrar el “aquí y ahora” en la oficina.