Menorca es igual… pero diferente. Menorca en invierno revela una versión más honesta de la isla, donde el tiempo se desacelera y la naturaleza marca el ritmo. Es una época que conecta especialmente con quienes buscan viajar de forma consciente, sostenible y en armonía con el entorno.
Durante los meses fríos, los paisajes de Menorca en invierno se vuelven más intensos: suelos cubiertos de hojas secas, cielos cambiantes que anuncian tormenta y un Mediterráneo que golpea con fuerza la costa. De noviembre a marzo, la isla se transforma en un refugio natural que invita a caminar, observar y sentir.